
Hace cinco años, el primero de julio, el cine perdía a una de sus estrellas más rutilantes. Marlon Brando dejaba este mundo a los 80 años dejando un legado de memorables personajes que ya forman parte de la historia del séptimo arte. El Padrino fue su papel más recordado, sin embargo antes de meterse en la piel de este mafioso, el actor ya tenía un Oscar y podía presumir de un extenso currículo cinematográfico a sus espaldas.
Siempre tuvo claro que pretendía ser actor, tanto que lo dejó todo para trasladarse a Nueva York e intentar cumplir su sueño, algo que realizó con Hombres, su estreno cinematográfico en 1950. A pesar de que su primer éxito en la gran pantalla le llegó con Un tranvía llamado deseo, dirigida por Elia Kazan en 1951.
La carrera de Brando era ya imparable y no tardaron en aparecer los reconocimientos a este galán de la gran pantalla. Con Viva Zapata se hizo con la Palma de Oro del festival de Cannes y en 1954 logró su primer Oscar gracias a su interpretación de un esquirol portuario en La Ley del Silencio.
Su carrera ya era imparable. Títulos como El último tango en París o Apocalypse Now marcaron su filmografía. Trabajó con los mejores y dejó su huella en cada interpretación, sin embargo siempre será recordado por su papel de mafioso en la primera entrega de El Padrino de Francis Ford Coppola, con la que logró su segundo Oscar. Un premio que no recogió en persona, en su nombre mandó a la india Yo Yo MA como medida de protesta por las actuaciones de la industria cinematográfica contra la comunidad india y los sucesos de Wounded Knee, en Dakota del Sur, donde se cometieron durante un siglo matanzas de indios por parte de Estados Unidos.
Pero si en su faceta profesional Brando saboreaba las mieles del éxito, no ocurría lo mismo en su vida personal. Casado y divorciado varias veces, sufrió los peores momentos de su vida en el momento que su hijo Christian fue condenado a 10 años de cárcel por asesinar al novio de su hermanastra, Cheyenne, quien cuatro años más tarde acabó suicidándose.
Luces y sombras de una vida de película, de un galán de los de antes, de un hombre que llevaba la interpretación en la sangre y que falleció casi con las ‘botas puestas’, ya que en 2001, tres años antes de su fallecimiento a los 80 años en un hospital de Los Ángeles, protagonizaba junto a Robert de Nito y Edward Norton, en Un golpe maestro, su último legado en la gran pantalla.
Vía | El Correo Digital
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